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Con el olor a tierra


Ahí se viene,
negra hecha de rayos
con el olor a tierra,
desparramándose por las calles
como si portara la muerte
lenta;
Olivia y yo la sentimos en las piernas,
aunque todavía
no haya descubierto sus grietas.

Corremos en esta media estatura
nuestra
divisando las montañas,
que se van cubriendo
y quedando desiertas;
ya solo las serpientes las cercan
parándose a beber el fruto
de la mar revuelta.

La ciudad se vuelve remolino,
prisa,
se ajetrea batiendo las alas
tratando de esquivar la tormenta;
o tal vez me equivoque,
y esté esperando la lluvia
con las manos dadas
la media vuelta.

El amor de Olivia me lleva
de un lado a otro
en un bamboleo dulce
que no es el de las alforjas de Platero
ni el de las campanas al doblar,
sino otro, que se parece a la bachata,
y a todas las otras cosas
a las que el amor de Olivia me lleva;
en las que me deshago,
y me diluyo y me reencuentro,
siempre ante sus ojos
que me miran,
negros hechos de rayos,
con el olor a tierra,
desparramados por mi cuerpo
como si portara la vida,
tan dulce.

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