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Analogías


Podríamos ser tan analógicos
y citarnos en los cafés
pasadas las seis,
cuando salgas de trabajar
y el cansancio te haga surcos
por todo el cuerpo
y que cuando lleguemos a casa,
y te desnude,
descubra que no había visto
ni la milésima parte de tus honduras
y pliegues, y dobleces,
y manchas de almendros en flor.

Podríamos ser tan analógicos
y decirnos los te quiero a la cara,
sin saber hasta pasadas las seis
que anoche soñaste conmigo
y que me sigues queriendo
aunque esté vendiendo los libros al peso
y ya no me apetezca escribir.

Podríamos ser tan analógicos,
tan reloj de pulsera,
que iríamos caminando por la Gran Vía
riéndonos de todo este absurdo de luces,
tiendas, pantallas, y muertos en vida,
aunque sé que no nos haría gracia,
y correríamos a casa horrorizados
a escuchar lo que nos tenemos que decir
en lugar de pulsar el botón.

Podríamos ser tan analógicos
y atrevernos a la felicidad.

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